El hilo roto: la realidad de los eventos y el valor del verdadero oficio


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Soy Ana, y hoy os abro las puertas del taller digital de anaconde.es para hablar de un tema que, más que enfado, me produce una profunda tristeza por la deriva que está tomando nuestro sector.

A menudo me preguntáis por qué mi marca no está presente en ciertos macro-eventos y ferias de tejido. Y como en este taller la sinceridad va por delante de todo, os lo digo sin rodeos: ni estoy, ni me invitan. Pero quiero ser muy clara: aunque esa invitación llegara a mi buzón mañana mismo, mi rechazo a participar en ellos sería frontal. No es una cuestión de orgullo; es una postura ética frente a un modelo que ha perdido completamente el norte.

El motor de estas citas hace tiempo que dejó de ser el amor por el punto, la técnica o la filosofía Slow Fashion. Hoy en día, el interés principal es puramente mercantil. Se trata de una maquinaria diseñada para el control del mercado y la autopromoción de unos pocos.

Se ha consolidado una especie de élite de pseudo-influencers que deciden quién es relevante y quién no. Lo más doloroso para el oficio es que, a menudo, se promociona a perfiles cuya incompetencia técnica es evidente: patrones con errores de cálculo estructurales, prendas mal concebidas o nulo conocimiento de cómo se comporta una fibra tras el bloqueo.

Sin embargo, el sistema las encumbra y crea un relato muy dañino: “si no estás en la feria, es porque no eres lo suficientemente buena”. Es la excusa perfecta para invisibilizar a quienes sí dominan la técnica y pueden dejar en evidencia las carencias de quienes se erigen como las reinas del tejido. No estás invitada por tu técnica sino por el número de tus seguidores; no quieren gente que abra ventanas y airee la verdad detrás de tanto postureo.

Para muchas pequeñas artesanas o tintoreras independientes, el sistema funciona como una especie de peaje excluyente. Imagina que tienes una pequeña marca: ¿qué te parecería que te ofrecieran un rincón a cambio de 500 euros, más gastos, y si no vendes lo suficiente, es tu problema? O pagas ese peaje asfixiante o simplemente no existes. No importa cuánto sabes de tejido o tus años de experiencia; si no pagas, no estás.

Pero el verdadero drama ocurre cuando se apagan las luces, y quienes pagan los platos rotos son las tiendas locales. Estas ferias fomentan una compra compulsiva concentrada en 48 horas, dejando a las mercerías de barrio con meses de sequía absoluta. Es una ironía triste: esas tiendas son las que te ayudan un martes lluvioso cuando te falta un ovillo o no sabes cruzar un cable, no los organizadores de la feria.

Y si hablamos de las tejedoras, el desencanto es similar. Recibo mensajes de alumnas que viajan con ilusión para encontrarse con creadoras distantes o interesadas. He escuchado testimonios de talleres carísimos donde el único objetivo es la foto para redes. Una vez disparada la cámara, el trato se vuelve frío. Eso no es enseñar. Eso es utilizar a tu comunidad como decorado.

Por todo esto, mi postura desde anaconde.es es inamovible. Mi apoyo es para quienes tienen una técnica sólida y real. Para quienes enseñan desde la honestidad y el respeto. El tejido es paciencia, es oficio y es verdad. Y eso no se compra con el ticket de entrada a ninguna feria.

Como profesional, valoro las verdaderas ferias profesionales. El problema es que estos eventos se disfrazan de lo que no son para vender acrílico a precio de seda ante tejedoras aficionadas. Espero que, tras leerme, tengas una perspectiva más amplia para sacar tus propias conclusiones.

Un placer como siempre compartir con todas y todos.

ana

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